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NUESTRA PRESENCIA EN HAITÍ

Las primeras hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús llegaron a Haití en el año 2001, en Bombardópolis, pueblo de la diócesis de Port-de-Paix, al suroeste del país.

Desde la llegada, hemos tenido en cuenta que nuestra forma de vida, en la medida de lo posible, no se diferenciara demasiado a la manera de vivir del pueblo haitiano y al modo como normalmente nos ven a los extranjeros. Por ello, optamos por no disponer de transporte propio, viajar en “transporte público” o en el coche de la Parroquia. Caminar a pié, de un lugar a otro, por nuestra zona, como hace la gente. Abastecernos de los productos alimenticios que se consiguen en aquel medio. De hecho los haitianos se sorprenden de vernos caminar para visitar las diferentes comunidades y es en el camino donde se comparten muchas cosas con la gente que encuentras mientras te desplazas.

La casa donde vivimos pertenece a la Parroquia y fue construida hace años como vivienda de un equipo internacional e intercongregacional, que duró poco tiempo en la zona.

Económicamente, hemos ido experimentando, desde la llegada a Bombardópolis, como Dios nos cuida con su Providencia y como va saliendo al paso de nuestras necesidades y de las de nuestra gente, en la medida que pensamos y deseamos el bien para ellos. Esto nos hace estar muy agradecidas al Señor, a nuestros bienechores y a ser exigentes y responsables en la manera de utilizar el dinero.

 

 

NUESTRA VIDA Y MISIÓN EN BOMBARDÓPOLIS

Lo que más nos caracteriza en Bombardópolis (como en tantos otros lugares donde está La Compañía) es la cercanía con la gente, compartir nuestra vida con ellos, en lo que podemos. Hemos ido creando relaciones de amistad y confianza que pensamos es manera privilegiada de hacer presencia del Reino en medio de ellos.

Hombro a hombro con ellos...

Nuestra misión es compartida con los hermanos haitianos y en nuestro caso, en unión con el párroco, con quien trabajamos hombro a hombro, sintiéndonos parte de una misma familia, viviendo así la universalidad.

Acogida laicos y otros...

Nos encontramos con gente de diversos lugares del mundo que quiere conocer Haití, que llegan a ponerse en contacto con la Parroquia e indirectamente con nosotras, de diferentes maneras. Los acompañamos en este proceso de acercamiento a la realidad, a veces, haciendo de intermediarias entre ellos y la gente del lugar.

En diálogo ecuménico

Una de las experiencias más enriquecedoras que vivimos es la misión compartida con un grupo de evangélicos de Estados Unidos que también llevan años trabajando en la zona buscando modos de mejorar la calidad de vida de la gente. En diálogo con ellos hemos encontrado que el fin último que nos mueve es el mismo: nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Trabajando por el reino...

EN CONCRETO, ¿QUÉ HACEMOS?

Desde nuestro trabajo parroquial colaboramos en los grupo que hay en la parroquia: jóvenes, acólitos, adultos, familias, infancia misionera...

Uno de nuestros fuertes es el trabajo en pro del desarrollo y promoción de la mujer, buscando que a través de su trabajo puedan lograr un medio para su sostenimiento. Esto lo realizamos a través de:

En el tiempo de vacaciones escolares se aprovecha para organizar cursos-talleres con los jóvenes, enseñándoles a elaborar tarjetas, manualidades y costura.

Desde hace unos años tenemos en la parroquia un "Hogar para Ancianos" donde tienen oportunidad de vivir aquellos más abandonados y desprotegidos en este medio donde las condiciones de vida son tan duras, sobre todo para aquellos que ya no se pueden valer por sí mismo, porque resulta prácticamente imposible atenderlos. En este centro hay una señora encargada del mismo y nosotras coordinamos con ella en la recepción de los ancianos, medios de higiene, alimentación, etc...

También colaboramos en la enseñanza de inglés y español en el colegio de bachillerato que desde hace dos años, funciona en la Parroquia de Bombardópolis.

Una de nuestras labores más características de esta misión es la visita de enfermos, que realizamos cada semana, tanto en el pueblo de Bombardopolis como en los alrededores, llevándoles la comunión y la Palabra, y rezando con ello. En cualquier momento nos pueden llamar para ir a rezar con ellos, no importa si son católicos o no, y es una de las cosas que más valoran y agradecen de corazón. El pueblo haitiano es un pueblo de fe y desde ahí conectamos y compartimos nuestra vida con alegría en medio de ellos.

Terminamos con lo que una hermana de esta misión dice del pueblo haitiano:

“En nuestra zona, que es de las más pobres y marginadas, la gente es campesina y lucha cada día por subsistir haciendo sacos de carbón, y enviándolos a vender a Puerto Príncipe. Con el poco dinero que sacan subsisten. Es un pueblo sufrido, paciente, alegre, muy creyente, muy sensible a lo religioso, y encantador"

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